El duelo ante un diagnóstico: una mirada desde la ciencia y la conducta humana

2/mayo/2026

Dra. Lyliana Rivera 

El momento en que una persona o una familia recibe un diagnóstico , ya sea médico, psicológico o del desarrollo, representa una ruptura significativa en la narrativa de vida previamente construida. Desde la perspectiva de la psicología científica y la conducta humana, este evento se conceptualiza como una experiencia de pérdida simbólica, donde no necesariamente se pierde a una persona, sino las expectativas, planes y significados asociados al futuro imaginado (Boss, 1999; Worden, 2009).

El diagnóstico actúa como un estresor agudo que activa múltiples sistemas de respuesta: cognitivo, emocional y conductual. Según el modelo de afrontamiento de Richard Lazarus y Folkman (1984), las personas evalúan inicialmente el evento (evaluación primaria) y luego sus recursos para enfrentarlo (evaluación secundaria). Cuando el diagnóstico es percibido como amenazante o irreversible, puede desencadenar respuestas intensas como ansiedad, tristeza profunda o incluso negación.

Desde la neurociencia, se ha observado que eventos de alto impacto emocional activan estructuras como la amígdala y el sistema límbico, lo que puede dificultar la regulación emocional en etapas iniciales del proceso (LeDoux, 2000).

El duelo ante un diagnóstico ha sido ampliamente estudiado desde el modelo clásico de Elisabeth Kübler-Ross (1969), quien propuso cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin embargo, la evidencia contemporánea sugiere que este proceso no es lineal, sino dinámico y altamente individual (Stroebe, Schut, & Boerner, 2017).

El modelo de tareas del duelo de Worden (2009) plantea que las personas deben:

  1. Aceptar la realidad del diagnóstico
  2. Procesar el dolor emocional
  3. Adaptarse a una nueva realidad
  4. Recolocar emocionalmente lo perdido y continuar

Este enfoque resalta el carácter activo del duelo, donde la persona no solo “pasa por etapas”, sino que realiza ajustes conductuales y cognitivos. En diagnósticos como el trastorno del espectro autista (TEA) o condiciones crónicas, el duelo puede ser recurrente o cíclico, ya que nuevas etapas del desarrollo reactivan la conciencia de la diferencia o limitación (O’Brien, 2007). Los padres, por ejemplo, pueden experimentar lo que se denomina “duelo crónico”, vinculado a la discrepancia entre el hijo esperado y la realidad presente.

Investigaciones indican que factores como el apoyo social, el acceso a información y la intervención temprana influyen significativamente en la adaptación emocional (Gray, 2002). Desde el análisis de la conducta, el duelo puede observarse en patrones como:

  • Evitación (no hablar del diagnóstico, retrasar intervenciones)
  • Conductas de búsqueda (exceso de consultas médicas o segundas opiniones)
  • Cambios en rutinas y roles familiares
  • Respuestas emocionales condicionadas (llanto, irritabilidad ante estímulos relacionados)

Estas conductas pueden entenderse como intentos de regulación emocional y adaptación al nuevo contexto (Hayes et al., 2006). La evidencia científica destaca varios factores protectores:

  • Psicoeducación basada en evidencia
  • Redes de apoyo social y familiar
  • Intervención profesional temprana
  • Flexibilidad cognitiva y aceptación psicológica
  • Sentido de propósito y significado

Es vital  enfatizar la importancia de aceptar la experiencia emocional sin evitarla, mientras se actúa en dirección a valores personales (Hayes et al., 2006).

El duelo ante un diagnóstico no es un signo de debilidad, sino un proceso humano esperable ante la transformación de expectativas y significados. Desde la ciencia, se comprende como un proceso adaptativo que involucra dimensiones emocionales, cognitivas y conductuales. Acompañar este proceso desde la empatía, la evidencia y la intervención oportuna permite no solo la aceptación, sino la reconstrucción de una nueva narrativa de vida con sentido.

Referencias 

Boss, P. (1999). Ambiguous loss: Learning to live with unresolved grief. Harvard University Press.

Gray, D. E. (2002). “Everybody just freezes. Everybody is just embarrassed”: Felt and enacted stigma among parents of children with high functioning autism. Sociology of Health & Illness, 24(6), 734–749.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2006). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. Macmillan.

Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.

LeDoux, J. (2000). Emotion circuits in the brain. Annual Review of Neuroscience, 23, 155–184.

O’Brien, M. (2007). Ambiguous loss in families of children with autism spectrum disorders. Family Relations, 56(2), 135–146.

Stroebe, M., Schut, H., & Boerner, K. (2017). Models of coping with bereavement: An updated overview. Studies in Psychology, 59(4), 217–248.

Worden, J. W. (2009). Grief counseling and grief therapy: A handbook for the mental health practitioner (4th ed.). Springer.

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