La importancia de las destrezas sociales para la obtención de empleo en jóvenes adultos con Trastorno del Espectro Autista

12/mayo/2026

Dra. Lyliana Rivera

La transición a la vida adulta representa una etapa crítica para los jóvenes adultos con Trastorno del Espectro Autista (TEA), especialmente en el área de empleo. Aunque muchas personas autistas poseen habilidades cognitivas, talentos específicos, capacidad de aprendizaje, atención al detalle y compromiso con las tareas, la literatura científica ha documentado que enfrentan barreras significativas para acceder, obtener y mantener un empleo competitivo. Entre estas barreras se encuentran la falta de oportunidades inclusivas, el desconocimiento de los patronos, la limitada preparación vocacional, las dificultades en comunicación social, la ansiedad ante entrevistas laborales y la ausencia de apoyos individualizados en el ambiente de trabajo.  

Las destrezas sociales son un componente esencial en el proceso de empleabilidad porque el empleo no depende únicamente de saber realizar una tarea técnica. En la mayoría de los contextos laborales, la persona también debe comunicarse con supervisores, seguir instrucciones, pedir ayuda, trabajar en equipo, manejar cambios, resolver conflictos, interpretar normas sociales del ambiente laboral y responder de manera adecuada a la retroalimentación. Para jóvenes adultos con TEA, estas demandas pueden representar un reto, no por falta de interés o capacidad, sino porque muchas normas sociales del trabajo son implícitas, cambiantes y poco claras. Por esta razón, enseñar destrezas sociales laborales de manera explícita, estructurada y práctica es fundamental para aumentar sus oportunidades de éxito ocupacional.

Desde una base científica, el TEA se caracteriza por diferencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social, además de patrones restrictivos o repetitivos de conducta, intereses o actividades. Estas características pueden manifestarse en el contexto laboral mediante dificultad para iniciar conversaciones, sostener interacciones recíprocas, comprender lenguaje figurado, interpretar gestos o tonos de voz, adaptarse a dinámicas grupales o anticipar expectativas sociales no expresadas. En una entrevista de empleo, por ejemplo, un joven adulto con TEA puede tener las competencias para el puesto, pero enfrentar dificultad para responder preguntas abiertas, explicar sus fortalezas, mantener una conversación fluida o interpretar señales del entrevistador. Por tanto, las destrezas sociales no deben verse como habilidades “secundarias”, sino como herramientas funcionales directamente relacionadas con el acceso al empleo.

La evidencia también señala que los jóvenes adultos con TEA presentan tasas más bajas de empleo en comparación con otros grupos de personas con discapacidad. Estudios sobre intervenciones vocacionales han encontrado que los programas más efectivos suelen combinar preparación laboral, experiencias reales de trabajo, apoyo de especialistas, entrenamiento en destrezas sociales y acompañamiento individualizado. Esto significa que no basta con enseñar a preparar un resumé o llenar una solicitud; también es necesario practicar cómo saludar, cómo presentarse, cómo responder en una entrevista, cómo pedir aclaración, cómo manejar una corrección, cómo comunicar una necesidad de acomodo razonable y cómo sostener relaciones laborales respetuosas.  

Las destrezas sociales laborales pueden dividirse en varias áreas. La primera es la comunicación funcional, que incluye expresar necesidades, hacer preguntas, solicitar ayuda, confirmar instrucciones y comunicar límites de manera apropiada. Esta destreza es vital porque muchos errores en el empleo no ocurren por falta de capacidad, sino por malentendidos o por no saber cómo pedir apoyo a tiempo. La segunda área es la interacción con compañeros y supervisores, que implica saludar, colaborar, respetar turnos conversacionales, aceptar diferencias y participar en dinámicas de equipo. La tercera es la autorregulación socioemocional, relacionada con manejar frustración, ansiedad, cambios de rutina, críticas o situaciones inesperadas. La cuarta es la solución de problemas sociales, que permite identificar conflictos, analizar alternativas y responder de forma segura y profesional.

Una destreza particularmente importante es la capacidad de recibir retroalimentación. En el mundo laboral, los supervisores ofrecen instrucciones, correcciones y evaluaciones de desempeño. Para algunos jóvenes adultos con TEA, la retroalimentación puede percibirse como rechazo, crítica personal o una situación altamente estresante. Por ello, los programas de preparación laboral deben enseñar explícitamente que la retroalimentación es parte del aprendizaje profesional. También deben practicar respuestas como: “Gracias por indicármelo”, “¿Puede explicarme cómo debo hacerlo?”, “Lo corregiré”, o “¿Puede darme un ejemplo?”. Estas respuestas ayudan a transformar una situación potencialmente ansiógena en una oportunidad de crecimiento laboral.

Otra destreza esencial es la entrevista de empleo. La entrevista es una situación social compleja que exige comunicación verbal, lenguaje corporal, organización de ideas, manejo de ansiedad y comprensión de expectativas. Investigaciones recientes sobre intervenciones como PEERS® for Careers han mostrado que los programas centrados en destrezas sociales relacionadas con el empleo pueden ser aceptables y beneficiosos para jóvenes adultos autistas, especialmente cuando incluyen lecciones estructuradas, práctica conductual, modelaje, ensayos y tareas aplicadas fuera del grupo.  

Además, las destrezas sociales influyen en la permanencia en el empleo. Obtener un trabajo es solo una parte del proceso; mantenerlo requiere adaptación continua. Un empleado debe aprender la cultura organizacional, reconocer jerarquías, cumplir horarios, manejar expectativas, comunicarse con diferentes personas y responder a cambios. La literatura sobre empleo apoyado ha demostrado que el acompañamiento individualizado, el entrenamiento en el lugar de trabajo y la participación de especialistas pueden favorecer la integración laboral de personas con TEA. Estos apoyos permiten que la persona no solo aprenda una tarea, sino que comprenda el ambiente social donde esa tarea ocurre.  

Es importante destacar que enseñar destrezas sociales no significa obligar a la persona autista a “parecer neurotípica” ni eliminar su identidad. Una intervención ética y basada en evidencia debe respetar la neurodiversidad, reconocer las fortalezas individuales y enseñar herramientas funcionales para que la persona pueda desenvolverse con mayor autonomía, seguridad y autodeterminación. El objetivo no debe ser cambiar quién es la persona, sino ampliar sus oportunidades de participación social, educativa y laboral. Esto implica enseñar habilidades útiles, pero también educar a los patronos y compañeros de trabajo sobre inclusión, comunicación clara, acomodos razonables y ambientes laborales accesibles.

Desde una perspectiva de derechos, el desarrollo de destrezas sociales para el empleo debe ir acompañado de oportunidades reales. No se puede responsabilizar únicamente al joven adulto con TEA por su inclusión laboral. La sociedad, las instituciones educativas, los programas de rehabilitación vocacional, las organizaciones comunitarias y los patronos tienen la responsabilidad de crear rutas accesibles hacia el empleo. Esto incluye prácticas laborales, mentorías, internados, adiestramientos, empleo apoyado, ajustes razonables, supervisión sensible y evaluación de fortalezas. Cuando las destrezas sociales se enseñan en combinación con oportunidades reales de práctica, el aprendizaje se vuelve más significativo y transferible.

En el caso de jóvenes adultos con TEA, las experiencias laborales tempranas pueden ser especialmente valiosas. Estas experiencias permiten practicar destrezas sociales en contextos naturales, identificar intereses vocacionales, desarrollar hábitos de trabajo, aumentar la confianza y reducir la ansiedad ante el mundo laboral. La evidencia sugiere que los modelos que integran experiencias reales, apoyos individualizados y enseñanza directa de habilidades laborales pueden mejorar la independencia y la participación ocupacional de jóvenes adultos autistas.  

Por tanto, las destrezas sociales son un puente entre la capacidad personal y la oportunidad laboral. Un joven adulto con TEA puede tener talento, conocimiento y deseo de trabajar, pero si no cuenta con apoyo para manejar las demandas sociales del empleo, sus oportunidades pueden verse limitadas. De igual forma, un ambiente laboral que no comprende el TEA puede interpretar erróneamente ciertas conductas como falta de interés, rudeza, poca colaboración o desmotivación, cuando en realidad pueden estar relacionadas con diferencias en comunicación, ansiedad, procesamiento sensorial o necesidad de instrucciones más claras.

En conclusión, las destrezas sociales son fundamentales para la obtención y permanencia en el empleo de jóvenes adultos con TEA porque facilitan la comunicación, la entrevista laboral, la interacción con supervisores y compañeros, la solución de conflictos, la autorregulación y la adaptación al ambiente de trabajo. La evidencia científica respalda la necesidad de intervenciones vocacionales que integren enseñanza explícita de destrezas sociales, práctica en escenarios reales, empleo apoyado, participación familiar, preparación de patronos y apoyos individualizados. Invertir en estas destrezas no solo aumenta las posibilidades de empleo, sino que promueve independencia, autoestima, participación comunitaria, calidad de vida y justicia social para las personas autistas.

Recomendaciones prácticas para programas de transición laboral

  1. Enseñar destrezas sociales de forma explícita, no asumir que el joven adulto las aprenderá de manera incidental.
  2. Practicar entrevistas laborales mediante simulaciones, modelaje y retroalimentación positiva.
  3. Desarrollar guiones sociales funcionales para saludar, pedir ayuda, responder a correcciones y comunicar necesidades.
  4. Incluir experiencias reales de trabajo, internados o voluntariado supervisado.
  5. Preparar a los patronos sobre comunicación clara, acomodos razonables y neurodiversidad.
  6. Usar apoyos visuales, listas de pasos, historias sociales y rutinas laborales.
  7. Trabajar autorregulación emocional, manejo de ansiedad y tolerancia a cambios.
  8. Fomentar la autodeterminación, para que el joven pueda expresar intereses, metas, fortalezas y necesidades.
  9. Integrar a la familia y especialistas, especialmente en la planificación de transición.
  10. Evaluar el progreso con indicadores medibles, como asistencia, puntualidad, interacción social, cumplimiento de tareas, manejo de instrucciones y permanencia en experiencias laborales.

Referencias

Baker-Ericzén, M. J., Fitch, M. A., Kinnear, M., Jenkins, M. M., Twamley, E. W., Smith, L., Montano, G., Feder, J., Crooke, P. J., Winner, M. G., & Leon, J. (2017). Development of the Supported Employment, Comprehensive Cognitive Enhancement, and Social Skills program for adults on the autism spectrum: Results of initial study. Autism, 22(1), 6–19. https://doi.org/10.1177/1362361317724294

Fong, C. J., Taylor, J., Berdyyeva, A., McClelland, A. M., Murphy, K. M., & Westbrook, J. D. (2021). Interventions for improving employment outcomes for persons with autism spectrum disorders. Campbell Systematic Reviews, 17(4), e1185. https://doi.org/10.1002/cl2.1185

Griffiths, A. J., Giannantonio, C. M., Hurley-Hanson, A. E., & Cardinal, D. N. (2016). Autism in the workplace: Assessing the transition needs of young adults with autism spectrum disorder. Journal of Business and Management, 22(1), 5–22.

Moody, C. T., Laugeson, E. A., & Frankel, F. (2022). A pilot study of PEERS® for Careers: A comprehensive employment-focused social skills intervention for autistic young adults in the United States. Research in Developmental Disabilities, 128, 104287. https://doi.org/10.1016/j.ridd.2022.104287

Schall, C., Sima, A. P., Avellone, L., Wehman, P., McDonough, J., & Brown, A. (2020). The effect of business internships model and employment on enhancing the independence of young adults with significant impact from autism. Intellectual and Developmental Disabilities, 58(4), 301–313. https://doi.org/10.1352/1934-9556-58.4.301

Sung, C., Connor, A., Chen, J., Lin, C. C., Kuo, H. J., & Chun, J. (2019). Development, feasibility, and preliminary efficacy of an employment-related social skills intervention for young adults with high-functioning autism. Autism, 23(6), 1542–1553. https://doi.org/10.1177/1362361318801345

Taylor, J. L., McPheeters, M. L., Sathe, N. A., Dove, D., Veenstra-VanderWeele, J., & Warren, Z. (2012). A systematic review of vocational interventions for young adults with autism spectrum disorders. Pediatrics, 130(3), 531–538. https://doi.org/10.1542/peds.2012-0682

Walsh, L., Lydon, S., & Healy, O. (2014). Employment and vocational skills among individuals with autism spectrum disorder: Predictors, impact, and interventions. Review Journal of Autism and Developmental Disorders, 1, 266–275. https://doi.org/10.1007/s40489-014-0024-7

Wehman, P., Schall, C., McDonough, J., Kregel, J., Brooke, V., Molinelli, A., Ham, W., Graham, C. W., Riehle, J. E., Collins, H. T., & Thiss, W. (2012). Supported employment for young adults with autism spectrum disorder: Preliminary data. Research and Practice for Persons with Severe Disabilities, 37(3), 160–169. https://doi.org/10.2511/027494812804153606

Whittenburg, H. N., Taylor, J. P., & Thoma, C. A. (2020). A systematic literature review of interventions to improve work-related social skills of individuals with autism spectrum disorder. Education and Training in Autism and Developmental Disabilities, 55(4), 359–371.

Zalewska, A., Migliore, A., & Butterworth, J. (2016). Self-determination, social skills, job search, and transportation: Is there a relationship with employment of young adults with autism? Journal of Vocational Rehabilitation, 45(3), 225–239. https://doi.org/10.3233/JVR-160829

Deja un comentario