Sintonía y regulación: El impacto del «Rincón de la Calma» en el hogar
Dra. Raquel López
29 de octubre de 2026
Desde una mirada del sistema nervioso, en ocasiones los espacios y ambientes del hogar se pueden considerar espacios dinámicos, llenos de estímulos sensoriales, donde los niños pequeños (que aún tienen su corteza prefrontal en pleno desarrollo) se pueden sobrecargaremocionalmente con facilidad. A esto se le pueden sumar estímulos ambientales externos, como los ruidos, olores, temperatura, entre otros.
Alrededor de los 2 años de vida, se observa un hito fundamental en el neurodesarrollo: el inicio progresivo de la autorregulación emocional (Murray et al., 2020). Es decir, van aprendiendo habilidades para manejar y gestionar su propias emociones en el mundo que les rodea. Desde un punto del neurodesarrollo, la amígdala es crucial para este proceso. Se puede decir que la amígdala es como sistema de alarma, ante un estímulo percibido como abrumador (un ruido muy fuerte, una frustración o una transición repentina), la amígdala, el centro del procesamiento emocional de amenaza, se activa de inmediato. Creando un estado donde el cerebro entra en un modo de supervivencia instintivo (lucha, huida o parálisis). Las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, inundan el sistema, “secuestrando” la capacidad del niño para procesar/ entender el lenguaje complejo o seguir instrucciones.
La corteza prefrontal, encargada de las funciones ejecutivas como la lógica, el control de impulsos, la planificación y la toma de decisiones, es última estructura cerebral en alcanzar la madurez neurobiológica (Diamond, 2020) . En los niños de edad preescolar, este «freno biológico» aún está en un estado muy primitivo de desarrollo. Intentar razonar con un niño cuando la amígdala está encendida es neurobiológicamente inútil, ya que las vías de comunicación hacia la corteza prefrontal están temporalmente «desconectadas, en pausa».
Entonces surge la pregunta de ¿qué se puede hacer para ayudar al niño a regularse? Se propone utilizar la técnica del «Rincón de la Calma» como puente de regulación. Su propósito neurobiológico es cambiar la química cerebral, no aislar ni castigar al niño. Al ofrecer un entorno de baja estimulación sensorial (iluminación suave, elementos táctiles, espacios acogedores), se envía una señal biológica de seguridad al sistema nervioso. Esta sensación de seguridad inhibe la respuesta de la amígdala, permitiendo que los niveles de cortisol desciendan y se pueda lograr la autorregulación. A medida que la alarma de la amígdala se apaga, la sangre y el flujo metabólico regresan a la corteza prefrontal. Es solo en este momento, cuando el cerebro vuelve a estar integrado, cuando el niño recupera la capacidad de reflexionar, nombrar o identificar lo que siente, aprender de la experiencia y socializar de manera efectiva.
Para implementar el Rincón de la Calma, se deben tener en consideración aspectos sensoriales. Por ejemplo: texturas suaves, luces tenues, elementos de peso, apoyo visual, todos ellos ayudan a regular el sistema propioceptivo y táctil, bajando los niveles de cortisol (estrés). El Rincón de la Calma no funciona solo; requiere de la mirada, la voz baja y la presencia conectada con la madre o padre para que el cerebro el niño procese y «copie» el estado de calma del adulto a través de las neuronas espejo y los mecanismos de corregulación (Mullan et al., 2022).
Esto les ayuda a los niños a transitar de cómo pasarde la crisis a la autoconsciencia, aprendiendo a identificar cuándo su «termómetro emocional» está subiendo y validando sus emociones. Claro está, para lograrlo es necesario la alfabetización emocional. Es decir, enseñarles a los niños a identificar las emociones y que aprendan cómo se sienten. Por otro lado, esto ayuda a los padres cambiar el enfoque punitivo por uno compasivo y regulador, disminuye el agotamiento y el estrés (burnout) típicos de los procesos de crianza.
Algunas recomendaciones prácticas son:
1. Ubicarlo en un lugar seguro y accesible de la casa y ser presentado como tal. Importante enfatizar en que NO es un castigo.
2. Incorporar materiales sencillos como cojines, botellas de la calma, tarjetas con ejercicios de respiración, peluches. Puede incluir al niño a la selección de materiales.
3. Enseñarles y modelarle al niño de cómo y cuándo utilizarlo.
4. Acompañar al niño cuando todavía no pueda autorregularse. En este caso, el adulto tiene el rol de ser corregulador.
5. Considerar los estímulos ambientales que pueden provocar desregulación.
6. Adoptar esta técnica como un paso para el fortalecimiento del bienestar en el hogar.
Referencias
Diamond, A. (2020). Executive functions. Handbook of Clinical Neurology, 173, 225–240. https://doi.org/10.1016/B978-0-444-64150-2.00020-4
Mullan, K., Williams, K. E., & Nicholson, J. M. (2022). Co-regulation in early childhood: A systematic review of parent-child interactions and interventions. Early Childhood Research Quarterly, 60, 112–126. https://doi.org/10.1016/j.ecresq.2022.01.004
Murray, D. W., Rosanbalm, K., & Christopoulos, C. (2020). Self-regulation and toxic stress: Foundations for understanding self-regulation. OPRE Report 2020-14. Office of Planning, Research, and Evaluation, Administration for Children and Families, U.S. Department of Health and Human Services.








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