14/septiembre/2026
Dra. Lyliana Rivera
Durante años, gran parte de la conversación sobre personas autistas y con diversidad funcional se ha concentrado en enseñar destrezas dentro de ambientes estructurados. Sin embargo, ¿cómo esperamos que una persona aprenda a desenvolverse en la comunidad si tiene pocas oportunidades reales de participar en ella?
Ir a un restaurante. Comprar en una tienda. Utilizar servicios de la comunidad. Participar en una actividad cultural. Asistir a una entrevista. Resolver un imprevisto. Elegir qué comprar con un presupuesto limitado. Preguntar cuando no se entiende algo. Interactuar con personas desconocidas. Equivocarse y volver a intentarlo.
A simple vista parecen actividades cotidianas. Desde una perspectiva educativa y del desarrollo, son escenarios en los que se ponen en funcionamiento simultáneamente la toma de decisiones, solución de problemas, comunicación, autorregulación, planificación, autodeterminación y pensamiento crítico, precisamente ahí se encuentra una de las contradicciones de muchos modelos de apoyo: queremos adultos autónomos, pero a veces les ofrecemos muy pocas oportunidades para practicar la autonomía.
La investigación sobre autodeterminación en personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo lleva tiempo señalando que elegir, establecer metas, resolver problemas, participar y ejercer control sobre aspectos de la propia vida no son elementos secundarios del desarrollo. Una revisión sistemática y metaanálisis de 76 estudios encontró intervenciones dirigidas precisamente a componentes como elección, independencia, resolución de problemas, participación comunitaria, toma de decisiones con apoyo y autodefensa.
¿Cuántas oportunidades reales le hemos dado para aprender a hacerlo? Porque conocer los pasos de una actividad no equivale necesariamente a poder ejecutarlos cuando aparecen variables que no estaban en el ejercicio escrito. La comunidad es impredecible. Hay que esperar, preguntar, comparar alternativas, interpretar situaciones, manejar frustraciones, solicitar ayuda, cambiar un plan y tomar decisiones.
Es precisamente esa variabilidad la que convierte las experiencias comunitarias en oportunidades educativas difíciles de reproducir completamente en ambientes controlados. Promover exposición a diferentes experiencias sociales no significa obligar a una persona autista a socializar, enmascarar características autistas o comportarse de manera neurotípica. La participación debe respetar preferencias, necesidades sensoriales, comunicación, consentimiento y nivel de apoyo.
Existen múltiples formas de participación de adultos autistas, incluyendo actividades individuales, grupales, comunitarias y sociales en línea. Los investigadores también identificaron barreras y facilitadores y señalaron la necesidad de encontrar mejores maneras de apoyar la participación comunitaria de los adultos autistas. Además, no todas las personas necesitan ni desean el mismo grado de interacción. Investigaciones que comparan informes de familiares con los de los propios adultos autistas han encontrado diferencias en cómo se valora la satisfacción con las relaciones sociales. Es un recordatorio importante: participación significativa debe definirse también desde la perspectiva de la propia persona.
Entonces aparece una palabra incómoda: sobreprotección. Proteger es necesario, pero proteger y sustituir permanentemente la experiencia no son lo mismo. Cuando otra persona habla siempre por el joven, decide siempre por él, compra por él, evita cualquier situación que pueda producir frustración o resuelve inmediatamente cada dificultad, puede existir una consecuencia no intencionada: se reducen las oportunidades para practicar las mismas competencias que posteriormente esperamos que posea como adulto. La capacidad de ejercer elecciones y decisiones sobre la propia vida es un componente central del funcionamiento autónomo. Por eso la importancia de crear entornos que proporcionen los apoyos necesarios para ejercer esa autodeterminación. La autonomía no debe confundirse con ausencia de apoyo. Una persona puede necesitar apoyo y seguir siendo autónoma.
El objetivo no debería ser retirar ayudas indiscriminadamente, sino preguntarnos: ¿cuál es el apoyo mínimo efectivo que permite que esta persona participe, decida y aprenda sin hacer innecesariamente por ella aquello que puede intentar?
El pensamiento crítico no se desarrolla únicamente respondiendo preguntas académicas. También aparece ante decisiones reales.
- ¿Qué hago si el artículo cuesta más de lo que tengo?
- ¿A quién puedo pedir ayuda?
- ¿Qué opción me conviene?
- ¿Qué ocurre si cambia el horario?
- ¿Esta información es confiable?
- ¿Estoy de acuerdo?
- ¿Cómo comunico que no quiero participar?
- ¿Qué hago si alguien me ofrece algo que no entiendo?
- ¿Qué alternativas tengo?
En esos momentos la persona debe analizar información, anticipar consecuencias, comparar posibilidades y tomar una decisión.
Por eso, una salida comunitaria bien planificada puede ser mucho más que entretenimiento. Puede convertirse en un laboratorio natural para practicar competencias de la vida adulta.No podemos responsabilizar únicamente a la persona por su nivel de independencia; las oportunidades y barreras del ambiente también importan. La adultez necesita preparación, oportunidades y apoyos individualizados.
De hecho, un consenso reciente entre investigadores, adultos autistas, familiares, proveedores y líderes comunitarios identificó como resultados prioritarios para evaluar los servicios de adultos precisamente la participación comunitaria, autodeterminación, actividades de la vida diaria, acceso a comunicación, apoyo social y satisfacción laboral, además de salud y calidad de vida.
Cuando un joven participa en una experiencia laboral, compra algo, ordena su comida, toma una decisión, conversa con alguien nuevo, visita un espacio cultural, administra dinero o intenta solucionar un problema, el éxito no debería medirse únicamente por si realizó la actividad perfectamente.También debemos observar:
- ¿Tomó alguna decisión por sí mismo?
- ¿Expresó una preferencia?
- ¿Pidió ayuda cuando la necesitó?
- ¿Encontró una alternativa?
- ¿Pudo decir “no”?
- ¿Aprendió algo que podrá utilizar la próxima vez?
- Porque equivocarse con apoyos adecuados también forma parte del aprendizaje. La autonomía difícilmente puede desarrollarse si todas las decisiones importantes ocurren primero en manos de otra persona.
- No podemos pedir pensamiento crítico sin permitir preguntas.
- No podemos pedir toma de decisiones sin ofrecer elecciones.
- No podemos pedir independencia sin permitir intentos.
- Y no podemos hablar de inclusión si la comunidad continúa siendo un lugar que la persona observa, pero rara vez tiene oportunidad de experimentar.
¿Estamos creando suficientes oportunidades para que pueda descubrirlo?
Referencias
Cameron, L. A., Borland, R. L., Tonge, B. J., & Gray, K. M. (2022). Community participation in adults with autism: A systematic review. Journal of Applied Research in Intellectual Disabilities, 35(2), 421–447.
Kuld, P. B., Frielink, N., Zijlmans, M., Schuengel, C., & Embregts, P. J. C. M. (2023). Promoting self-determination of persons with severe or profound intellectual disabilities: A systematic review and meta-analysis. Journal of Intellectual Disability Research, 67(7), 589–629.
Shogren, K. A., et al. (2024). Self-Determination Research: Current and Future Directions. Behavioral Sciences, 14(7), 613.







Deja un comentario