Dra. Lyliana Rivera Tirado
1/junio/2026
Durante décadas, las decisiones relacionadas con la educación, el empleo, la salud y la participación social de las personas neurodivergentes han sido tomadas principalmente por profesionales, instituciones y familiares. Aunque muchas de estas acciones han surgido desde la buena intención, existe una realidad que no puede seguir siendo ignorada: las personas neurodivergentes deben ser escuchadas, consultadas e incluidas activamente en todas las conversaciones que afectan sus vidas.
La neurodiversidad reconoce que las diferencias neurológicas, como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia, la dispraxia y otras condiciones del neurodesarrollo, forman parte de la diversidad humana natural y no deben entenderse únicamente desde un modelo de déficit (Singer, 2017). Desde esta perspectiva, el objetivo no es “normalizar” a las personas, sino crear entornos que permitan el desarrollo de sus fortalezas, intereses y potencialidades.
La evidencia científica demuestra que las habilidades necesarias para la vida adulta no se desarrollan exclusivamente mediante la enseñanza teórica. Las experiencias auténticas y significativas son fundamentales para la adquisición de competencias relacionadas con la independencia, la comunicación, la resolución de problemas y la participación comunitaria (Wehman et al., 2020).
Las personas neurodivergentes necesitan oportunidades reales para practicar y desarrollar destrezas en contextos naturales. Esto incluye experiencias laborales, voluntariado, participación en actividades comunitarias, programas de liderazgo, actividades recreativas y espacios de toma de decisiones. La investigación señala que las experiencias de empleo inclusivo y participación comunitaria están asociadas con mayores niveles de calidad de vida, autoestima, autodeterminación y bienestar emocional (Nicholas et al., 2022).
Cuando las oportunidades no existen, las personas neurodivergentes enfrentan mayores riesgos de aislamiento social, dependencia excesiva de sus cuidadores, desempleo y problemas de salud mental. Por el contrario, cuando se crean espacios accesibles y apoyos adecuados, muchas personas demuestran capacidades que previamente habían sido subestimadas.
Conocer a la persona antes que al diagnóstico
Uno de los errores más frecuentes en la prestación de servicios es asumir que todas las personas con un mismo diagnóstico tienen necesidades, intereses y metas similares. La evidencia científica es clara: no existen dos personas neurodivergentes iguales.
Las intervenciones centradas en la persona promueven la identificación de fortalezas, preferencias, valores, intereses y objetivos individuales. Este enfoque reconoce que cada persona tiene una combinación única de capacidades y desafíos, por lo que los apoyos deben diseñarse de manera personalizada (Schalock et al., 2021).
Conocer a la persona implica preguntar:
- ¿Qué le gusta hacer?
- ¿Cuáles son sus metas y sueños?
- ¿Qué apoyos necesita para alcanzar sus objetivos?
- ¿Qué actividades le generan bienestar?
- ¿Cómo desea participar en su comunidad?
Estas preguntas son esenciales para evitar decisiones basadas únicamente en percepciones externas o estereotipos asociados al diagnóstico.
Escuchar su voz y respetar su autodeterminación
La autodeterminación es uno de los factores más importantes asociados con una mejor calidad de vida en personas con discapacidades del desarrollo. La autodeterminación se refiere a la capacidad de tomar decisiones, expresar preferencias y participar activamente en la dirección de la propia vida (Shogren et al., 2020).
Sin embargo, muchas personas neurodivergentes continúan siendo excluidas de conversaciones relacionadas con su educación, empleo, salud y vida independiente. En ocasiones, se toman decisiones sin consultarles o sin brindarles los apoyos necesarios para expresar sus opiniones.
Escuchar la voz de la persona neurodivergente no es un acto simbólico; es una práctica basada en derechos humanos. La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece que las personas con discapacidad tienen derecho a participar plenamente en las decisiones que afectan sus vidas y a recibir los apoyos necesarios para ejercer ese derecho (Naciones Unidas, 2006).
La inclusión genuina ocurre cuando las personas neurodivergentes dejan de ser observadores y se convierten en participantes activos, líderes, asesores y agentes de cambio dentro de sus comunidades.
Las personas neurodivergentes no pueden quedar fuera de la discusión
Las mejores soluciones surgen cuando quienes viven una experiencia son parte de la conversación. Ningún programa, política pública, iniciativa educativa o proyecto de empleo puede considerarse verdaderamente inclusivo si las personas neurodivergentes no participan en su diseño, implementación y evaluación.
El principio internacional de defensa de derechos conocido como “Nada sobre nosotros sin nosotros” nos recuerda que la inclusión no consiste únicamente en ofrecer espacios, sino también en compartir el poder de decisión.
Crear posibilidades reales significa abrir puertas. Escuchar significa reconocer la dignidad y el valor de cada persona. Y construir una sociedad inclusiva implica comprender que la neurodiversidad no es un problema que necesita ser corregido, sino una expresión legítima de la diversidad humana que merece respeto, apoyo y oportunidades para florecer.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). Author.
Nicholas, D. B., Attridge, M., Zwaigenbaum, L., & Clarke, M. (2022). Vocational support approaches in autism spectrum disorder: A review of the literature. Autism, 26(4), 865–878. https://doi.org/10.1177/13623613211050558
Naciones Unidas. (2006). Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Organización de las Naciones Unidas. https://www.un.org
Schalock, R. L., Luckasson, R., & Tassé, M. J. (2021). Intellectual disability: Definition, diagnosis, classification, and systems of supports (12th ed.). American Association on Intellectual and Developmental Disabilities.
Shogren, K. A., Wehmeyer, M. L., Burke, K. M., & Palmer, S. B. (2020). The impact of self-determination interventions on the academic and functional outcomes of students with disabilities. Remedial and Special Education, 41(4), 227–241. https://doi.org/10.1177/0741932518802580
Singer, J. (2017). NeuroDiversity: The birth of an idea. Judy Singer.
Wehman, P., Schall, C., McDonough, J., Kregel, J., Brooke, V., Molinelli, A., Ham, W., Graham, C., Riehle, E., Collins, H., & Avellone, L. (2020). Competitive employment for youth with autism spectrum disorder: Early results from a randomized clinical trial. Journal of Autism and Developmental Disorders, 50(11), 4089–4104. https://doi.org/10.1007/s10803-020-04412-7






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